Radio Amishar

31 de diciembre de 2012

Entre usted y su cónyuge: diez principios básicos



Peg y Lee Rankin
Ponga a Dios en el lugar primordial de su matrimonio y acuérdese de mantenerlo en ese lugar de honor.
1. No amarás a ninguna otra persona más que a mí
Solo Dios debe recibir más amor de tu parte que yo. Mediante los votos matrimoniales, me he convertido en la persona más importante en tu vida por encima de padres, hijos, compañeros de trabajo y amigos. Por consiguiente, espero que me ames de todo corazón y que cuides que no haya nadie que se interponga entre nosotros. Por favor, no tomes nunca mi posición para darla a otra persona. No podrá soportar nunca la vergüenza ni el vacío.

2. No tendrás fantasías ni soñarás despierto con otros amantes.

Esto significa que no habrá revistas, libros, películas o espectáculos pornográficos, porque la infidelidad comienza en la mente. Enfoca tus pensamientos románticos sólo en mí. ¿Recuerdas lo atractivos que éramos el uno para el otro cuando comenzamos a salir juntos? Podemos mantener viva esa llama mediante la disciplina adecuada de nuestras mentes. Si tú piensas en mí y yo en ti, nuestro romance seguirá el rumbo que le fijó Dios.
3. No hablarás de mí de modo despectivo.
Alábame y dame cumplidos con toda libertad tanto en público como en privado. No me critiques nunca frente a otras personas. Aplícame todos los adjetivos que sean cariñosos y amables; pero, por favor, no me insultes.

4. Recordarás nuestro aniversario y otros días especiales y planificarás como celebrarlos.

Si no sabes cuáles son otros días especiales, déjame que te dé ciertos indicios. Son la Navidad, mi cumpleaños, el día de los padres, el día de los enamorados y el día de las madres.
Puedes añadir unos cuantos más, si así lo deseas. El celebrar días ordinarios de modo especial (cuando no lo espere) hará que sienta amado (o amada). Mándame una tarjeta o pon una nota bajo mi almohada, llámame al trabajo, sorpréndeme con flores o invítame a cenar.
Lo que hagas no tiene que ser exclusivo. Basta que me hagas saber que te importo. Esas expresiones de amor requieren planeación, por lo que vale la pena marcar el calendario desde ahora. No quiero tener que lanzarte insinuaciones cuando se acerca la fecha de mi cumpleaños.
5. Honrarás a tu padre y a tu madre; pero no permitirás que se interpongan entre nosotros.
Queremos respetarlos, pedirles consejos e incluirnos en nuestro círculo familiar. Además, si uno de los progenitores es viudo o viuda, queremos hacer todo lo posible para que sienta que lo (o la) amamos. Sin embargo, recordemos que cuando se trata de establecer normas que afecten nuestro matrimonio y a nuestra familia, las decisiones que tomemos deberán ser exclusivamente nuestras.
6. No matarás los intentos que hago para demostrarte que te amo.
Cuando alargo los brazos para abrazarte, es mi modo de decir que te necesito y que deseo contacto físico contigo. Por favor, no te alejes de mí, no me ignores, no te apartes o digas: ¡No me toques! De ese modo puedes acabar con mi espíritu y destruir el amor que compartimos.

7. No adulterarás.

En los votos matrimoniales que intercambiamos, te comprometiste a serme fiel en lo sexual “hasta que la muerte nos separe”. Por lo que me consta, tu compromiso lo adquiriste sin reservas. Como consecuencia de ello, mi confianza en ti es completa. Este lazo sagrado que nos une me libera de preocupaciones indebidas cuando no estamos juntos; una bendición por la que doy gracias. Quiero que sepas lo mucho que atesoro esta confianza que nos tenemos el uno al otro y que deseo contar siempre con tu amor constante y tu fidelidad inquebrantable.
8. No me privarás del privilegio de gozar comunión profunda contigo.
Debido a que te amo, deseo compartir tus sueños, temores, aspiraciones y preguntas respecto a la vida. Por consiguiente, no te pases demasiado tiempo de compras, leyendo o viendo televisión. Reserva cierto tiempo para hablar conmigo de muchas cosas. Al conversar ahora sobre temas importantes, estaremos contribuyendo de modo considerable al tipo de relación que compartiremos en el futuro. Debemos recordar continuamente que el matrimonio es mucho más que la cercanía física. Tiene que ser también una unión de mentes, personalidades y espíritus.

9. No me mientas.

Necesito tener la seguridad de que te muestras abierto y sincero conmigo en todo momento, porque mi confianza en ti se basa en tu franqueza. Así pues, no me engañes, no me desorientes ni me digas verdades a medias ni pequeñas mentiras “blancas”. Si descubro que lo que me estás diciendo no es necesariamente la verdad, ¿cómo sabré cuándo puedo creerte?
¿Cómo sabré qué declaraciones descartar y cuáles aceptar? ¡Deseo poder confiar en todas y cada una de las palabras que salen de tu boca! Por eso, no me digas nada que no sea la verdad.
10. No codiciarás cónyuge, relación o situación ajena.
Soy todo lo que necesitas. Dios me designó tal y como soy con el fin de ajustarme a tu vida. No te hagas esperanzas respecto a mí que me sean imposibles satisfacer. Y no me compares con otras personas en aspecto, personalidad, brillantez para los negocios, posición social o madurez espiritual. Gocemos lo que nos ha dado Dios y formemos juntos un matrimonio fuerte para la gloria del Señor.
Recuerde las palabras tomadas del servicio religioso: “Lo que Dios une, no lo separe el hombre.” En el mundo en que vivimos, hay muchísimos factores que pueden llegar a ser una amenaza para su matrimonio. Asegúrese de no ser usted uno de ellos.
El mejor consejo que podemos darle, al final, es: Ponga a Dios en el lugar primordial de su matrimonio y acuérdese de mantenerlo en ese lugar de honor. Puesto que fue El quien los unió, tiene también poder para perfeccionar su unión. No obstaculice sus esfuerzos debido a sus propios deseos egoístas. ¡Entréguese, ceda y ame!

24 de diciembre de 2012

Doce asesinos del matrimonio


Por el Dr. James C. Dobson, Ph.D.
Mi consejo a las parejas jóvenes es simplemente éste: No permitan que la posibilidad del divorcio entre en sus pensamientos. Incluso en momentos de gran conflicto y desaliento, el divorcio no es la solución. Sólo sustituye una nueva serie de sufrimientos por los que quedan atrás.
Guarden su relación de la erosión como si estuvieran defendiendo sus propias vidas. Sí, ustedes pueden lograrlo juntos. No sólo pueden sobrevivir, sino que pueden mantener su amor vivo si le dan prioridad en su sistema de valores.
Cualquiera de los siguientes males pueden destruir su relación si les dan lugar en sus vidas:

1. El exceso de trabajo o compromisos y el agotamiento físico
Cuidado con este peligro. Es especialmente insidioso en las parejas jóvenes que están tratando de comenzar en una profesión o todavía están estudiando. No traten de estudiar, de trabajar a tiempo completo, de tener un bebé, de manejar a un niño pequeño, de hacer reparaciones en la casa, y de comenzar un negocio, todo al mismo tiempo. Suena ridículo, pero muchas parejas jóvenes hacen exactamente eso y luego se sorprenden cuando su matrimonio se viene abajo. ¿Por qué no habría de ser así? ¡El único momento en que se ven es cuando están agotados! Es especialmente peligroso cuando el esposo es el que tiene demasiados compromisos o trabajo, y la esposa está todo el día en casa con un hijo en edad preescolar. La profunda soledad de ella da lugar al descontento y a la depresión, y todos sabemos a dónde lleva eso. Deben reservar tiempo el uno para el otro si quieren mantener su amor vivo.

2. Las deudas muy grandes y el conflicto en cuanto a cómo se gastará el dinero
Paguen en efectivo por los artículos de consumo, o no los compren. No gasten más de lo que pueden por una casa o por un automóvil, dejando muy pocos recursos para salir juntos, para viajes cortos, para personas que cuiden a los niños, etc. Distribuya sus fondos con la sabiduría de Salomón.

3. El egoísmo 
Existen dos tipos de personas en el mundo, los que dan y los que toman. Un matrimonio entre dos personas que dan puede ser algo bello. Sin embargo, la fricción está a la orden del día entre una persona que da y otra que toma. Pero dos personas que toman pueden darse zarpazos la una a la otra hasta hacerse trizas dentro de un período de seis semanas. En resumen, el egoísmo siempre devastará un matrimonio.

4. La interferencia de los suegros 
Si el esposo o la esposa no se ha emancipado totalmente de los padres, lo mejor es no vivir cerca de ellos. La autonomía es algo difícil de conceder para algunas madres (y padres), y el estar muy cerca será causa de problemas.

5. Las expectativas poco realistas 
Algunas parejas llegan al matrimonio esperando cabañas cubiertas de rosas, una vida sin preocupaciones ni responsabilidades y un gozo ininterrumpido. La consejera Jean Lush cree, y yo estoy de acuerdo con ella, que esta ilusión romántica es particularmente característica de las mujeres norteamericanas que esperan más de sus esposos de lo que ellos son capaces de dar. La decepción consiguiente es una trampa emocional. Pongan sus expectativas en línea con la realidad.

6. Los invasores del espacio 
No me refiero a extraterrestres de Marte. Más bien, mi preocupación es por las personas que violan el espacio para funcionar que su cónyuge necesita, sofocándolo rápidamente y destruyendo la atracción entre ellos. Los celos son una manera en que este fenómeno se manifiesta. Otra es la baja autoestima, la cual lleva a que el cónyuge inseguro se inmiscuya en el territorio del otro. El amor debe ser libre y confiado.

7. El abuso del alcohol y de otras sustancias químicas 
Éstos son asesinos, no sólo de los matrimonios, sino también de las personas. Evítenlos como a la plaga.

8. La pornografía, los juegos de azar y otras adicciones 
Debe ser obvio para todos que la personalidad humana tiene imperfecciones. Tiene la tendencia a quedar atrapada en comportamientos destructivos, especialmente cuando se es joven. Durante una etapa inicial, las personas creen que pueden jugar con tentaciones tales como la pornografía o los juegos de azar sin salir dañadas. De hecho, muchos se alejan casi sin haber sido afectados. Sin embargo, para algunos existe una debilidad y una vulnerabilidad que se desconoce hasta que es demasiado tarde. Entonces se vuelven adictos a algo que rasga la fibra de la familia.
Tal vez esta advertencia les parezca tonta e incluso mojigata a mis lectores, pero he hecho un estudio de veinticinco años de duración sobre personas que arruinaron sus vidas. Sus problemas a menudo comienzan con la experimentación con un mal conocido y finalmente terminan en la muerte física o la muerte del matrimonio. Las restricciones y los mandamientos de las Escrituras se han diseñado para protegernos del mal, aunque es algo difícil de creer cuando somos jóvenes. “La paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23). Si mantenemos nuestras vidas limpias y no nos permitimos jugar con el mal, las adicciones que han hecho estragos en la humanidad nunca nos podrán tocar.

9. La frustración sexual, la soledad, la baja autoestima y la quimera de la infidelidad 
¡Una combinación mortal!

10. El fracaso en los negocios 
En especial, el fracaso en los negocios afecta adversamente a los hombres. Su inquietud por los reveses financieros algunas veces se muestra en ira dentro de la familia.

11. El éxito en los negocios 
Es casi tan peligroso tener mucho éxito en los negocios, como lo es fracasar rotundamente en ellos. El autor de Proverbios dijo: “No me des pobreza ni riquezas; manténme del pan necesario” (30:8).

12. Casarse demasiado jóvenes 
Las chicas que se casan entre los catorce y los diecisiete años de edad tienen el doble de probabilidades de divorciarse que las que se casan a los dieciocho y diecinueve años. Las que se casan entre los dieciocho y los diecinueve años tienen una vez y media más de probabilidades de divorciarse que las que se casan entre los veinte y los treinta años.
Las presiones de la adolescencia y las tensiones de los primeros años de vida matrimonial no hacen un buen dúo. Terminen lo primero antes de emprender lo segundo.
Éstos son los asesinos del matrimonio que he visto más a menudo. Pero, en verdad, la lista es prácticamente interminable. Todo lo que se necesita para que crezcan las malas hierbas más fuertes es una pequeña grieta en la vereda. Si van a vencer la ley de las probabilidades en relación al divorcio y mantener una unión matrimonial estrecha a largo plazo, deben emprender la tarea con seriedad. El orden natural de las cosas los alejará el uno del otro, no los unirá.

¿Cómo vencerán la ley de las probabilidades? ¿Cómo formarán una relación sólida que dure hasta que la muerte los haga emprender el último viaje? ¿Cómo se incluirán ustedes entre el número cada vez más reducido de parejas de mayor edad que han cosechado toda una vida de recuerdos y experiencias felices? Aun después de cincuenta o sesenta años de casados, todavía se buscan mutuamente para darse aliento y comprensión. Sus hijos han crecido dentro de un ambiente estable y amoroso, y no tienen cicatrices emocionales o recuerdos amargos que borrar. A sus nietos no se les tiene que explicar con delicadeza por qué “los abuelos ya no viven juntos”. Sólo el amor prevalece.
Así es como Dios quería que fuera, y todavía sigue siendo algo posible que ustedes pueden alcanzar. Pero no hay tiempo que perder. Refuercen las riberas del río. Defiendan el fuerte. Traigan las dragas y hagan más profundo el lecho del río. Mantengan las poderosas corrientes en sus propios cauces. Sólo esa medida de determinación mantendrá el amor con el que comenzaron, y hay muy poco en la vida que compita con esa prioridad.

21 de diciembre de 2012

El sabio


Cada uno ofrece lo que tiene.
Cierto día un sabio llegó a la ciudad de Akbar. La gente no dio mucha importancia a su presencia, y sus enseñanzas no consiguieron interesar a la población. Incluso después de algún tiempo llegó a ser motivo de risas y burlas entre los habitantes de la ciudad.
Un día, mientras paseaba por la calle principal de Akbar, un grupo de hombres y mujeres empezó a insultarlo. En vez de fingir que los ignoraba, el sabio se acercó a ellos y los bendijo.
Uno de los hombres comentó:
- “¿Es posible que, además, sea usted sordo? ¡Gritamos cosas horribles y usted nos responde con bellas palabras!”.
- “Cada uno de nosotros sólo puede ofrecer lo que tiene” -fue la respuesta del sabio-....

Autor: Anónimo.
FELIZ SÁBADO....  QUE ESTAS OFRECIENDO A LOS QUE TE RODEAN...?

17 de diciembre de 2012

Armonía conyugal


Alejandro de los Santos Reyes.
Alguien dijo: “Un matrimonio feliz no tiene conflictos ni problemas”.
Verdadero o falso Falso o verdadero.
¡Falso! ; Aún los matrimonios estables y felices tienen conflictos y problemas.

¿POR QUÉ PELEAN LOS MATRIMONIOS?
1. – Porque no fueron honestos el uno con el otro en su etapa de noviazgo.
Es fácil fingir que nos gustan ciertas cosas o actividades con el fin de conquistar o agradar a la persona amada.
Ejemplo:
Ir a la opera porque a uno de los dos le agrada, sin embargo al otro no.
2. – Por egoísmo.
Buscamos satisfacer nuestra necesidad antes que la de nuestro cónyuge.
3. – Malos entendidos.
4. – Finanzas.

NORMALMENTE ¿QUÉ “ARMAS” SE UTILIZAN EN LOS CONFLICTOS
MATRIMONIALES.
1. – Abuso físico.
2. –Abuso verbal.
Ambas “armas” buscan dañar, herir, ofender y lastimar.

LOS DESACUERDOS SON PARTE DEL MATRIMONIO
7 REGLAS PARA TENER UNA BUENA PELEA.
(EFESIOS 4:25-32).
REGLA NÚMERO UNO.
Comprométase a ser honesto (a) y a respetarse mutuamente.
Vr.25″Por lo cual, habiendo desechado la mentira… hablad verdad”

REGLA NÚMERO DOS.
Asegúrese de que sus armas no sean mortales.
Vr.26″Airaos… pero no pequéis”
Tenga cuidado, no permita que el enojo la controle.

REGLA NÚMERO TRES.
Ponga límite a su enojo.
Vr. 26-27 “No se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo”.

REGLA NÚMERO CUATRO.
Tenga preparada una solución positiva apenas se haya producido el encontronazo.
Vr.28″Él que hurtaba…no hurte más”
Solución positiva “Sino…trabaje con sus manos”.

REGLA NÚMERO CINCO.
Cuide sus palabras y controle el tono de su voz.
Vr.29″Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca”.
El verbo corromper significa: Echada a perder, Podrida.

REGLA NÚMERO SEIS.

No ataque a su cónyuge en público.
Vr.31″Quitense de vosotros toda…Amargura, Enojo, Ira, Gritería ” etc.
Alguien dijo: “En casa sólo se debe gritar cuando se está quemando”

REGLA NÚMERO SIETE.

Cuándo termine la pelea, ayude a limpiar los escombros.
Vr.32″Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonandoos unos a otros”.

¿CUÁL ES LA MEJOR FORMA DE TERMINAR UNA PELEA?
Reconociendo que nos equivocamos.
Discúlpame realmente estaba equivocado.
Tienes razón, esa es la mejor manera de hacerlo.

CUANDO PELEEN RESPETEN LAS REGLAS, ESO LES AYUDARÁ A MEJORAR LAS COSAS.
DOCE REGLAS PARA EVITAR UN CONFLICTO MATRIMONIAL.
1. – No use el silencio para manipular, ni para castigar.
Aprendan a hablar de sus diferencias como dos personas inteligentes.

2. – No guarde un álbum de recuerdos de frustraciones pasadas.
Cuando tenga un conflicto nunca se refiera a una ofensa del pasado.
¡Olvide el pasado!.

3. – Aprendan a estar en desacuerdo sin pelear.
Escuche a su cónyuge con interés.
Un desacuerdo no tiene que ser necesariamente un pleito.
Tenga mucho cuidado, no trate el desacuerdo en presencia de sus hijos.

4. – Ataquen el problema no el uno al otro.
Observe la diferencia:
Usted puede dar de puntapiés al problema o pueden darse de puntapiés –
el uno al otro.
No deje que la critica personal entre en conflicto(¡eres una tonta!), ¿qué tiene
que ver eso con su problema?.

5. – Respalde en hechos y no en fantasías sus acusaciones.
El marido llega tarde de su trabajo y su mujer le dice sin antes pedir una -
explicación ¿a cuál parte fuiste y con quién?, Pues no fui a ningún lado,
estuve en la oficina contesta él.
¡Sé que hay otra mujer y quiero saber quién es!.
Si no tiene evidencia concreta para acusar, mejor no diga nada.

6. – Arregle el problema antes de que caiga la noche.
No vayan a dormir sin haber arreglado el conflicto.

7. – Eviten lo dramático ni lagrimas ni gritos.
La tendencia del hombre es levantar la voz y gritar cuando se esta enojado,
la tendencia de la mujer es llorar; Los dos deben guardar sus emociones y
dialogar con calma.

8. – Informe a su pareja lo que siente con ternura y en la manera menos
ofensiva
No diga:
Te apesta la boca…mejor diga: “mi amor, aquí hay unas pastillas para endulzar tu
aliento.

9. – Si critica, dé soluciones.
¡Esa no es la manera de hacerlo! Entonces ¿Cómo se hace? ¡Quién sabe!.
Si va a criticar por favor tenga soluciones ¡sea positivo! de otra manera quédese
callado.

10. –No use “nunca” y “siempre”; como afirmaciones categóricas y negativas.
“Tú nunca llegas temprano”; “Tú siempre llegas tarde”.
Éstas expresiones causan conflictos.

11. –Trate de ser lo mas honesto que se pueda.
12. –Cuando esté equivocado confiéselo, cuando tiene la razón cállese.
“Lo siento mucho mi amor, me equivoque”, “Podrías perdonarme”.
La siguiente frase no debe de salir de nuestros labios.
Te lo dije.

POR ÚLTIMO, SI SE PIDEN PERDÓN “PERDÓNENSE”, BORREN LO QUE SUCEDIO DEL ÁLBUM DE LOS RECUERDOS.

14 de diciembre de 2012

Permitirse ser débil


Necesitamos aprender a llorar para poder seguir adelante.
Permitirse llorar no es fácil… Nos han educado para ser fuertes, ser árboles de pie ante las adversidades de la vida.
Muchas veces sentimos angustia, el pecho dolorido ante tantas presiones y seguimos caminando, no nos detenemos a llorar: “Debes ser fuerte…”, “Llorar es de los débiles…”, “Los hombres no lloran…”, “Llorar es sinónimo de flaqueza…” Tantas frases hemos escuchado en nuestra infancia, en nuestra juventud… que ante el dolor, la pérdida, las injusticias, en el fracaso, no nos permitimos llorar y agobiados ante tantas presiones y exigencias, nos dejamos llevar y las lágrimas que ahogaban nuestro ser empiezan a brotar…
Sufrir la pérdida de ciertas cosas es inherente a la vida del ser humano. Muchas veces las cosas que perdemos o que se rompen en nuestras vidas son irreemplazables.
Los que nos quieren pueden ayudarnos a aliviar nuestro dolor y a soportar las pérdidas, pero sin duda el que mejor puede ayudarnos es Dios. Él nos regala la fuerza que necesitamos, nos sostiene y nos da Esperanza.
Cuando somos padres, tratamos de demostrar a nuestros hijos que somos fuertes, que nada nos quiebra, que nada nos duele, ya que tememos dañarlos con nuestras debilidades y con nuestras lágrimas… ¡qué equivocados estamos…! Ellos saben de nuestras tristezas y de nuestras alegrías. Tan sólo con mirarnos, con abrazarnos,con acariciarnos, perciben nuestro dolor. Mostrarles la debilidad del ser humano, enseñarles a llorar, es parte de su educación.
No pidamos permiso para llorar… si sentimos que no podemos contener nuestras lágrimas, si sentimos que el corazón nos duele: Lloremos… No tenemos que ser fuertes todo… el tiempo, toda la vida…
Debemos permitirnos ser, por momentos, débiles y dejar que nuestros sentimientos salgan, que nuestro dolor se derrame fuera, para que no se nos pudra dentro.
Llorar es bueno, es saludable, es correcto. Es la mejor válvula de escape de la tristeza.
Si sientes que necesitas llorar, hazlo. Peor es guardar la pena dentro. Llora, desahógate y cuando lo hayas hecho, retoma la vida con la sonrisa y el valor del que sabe que CON DIOS SIEMPRE HAY ESPERANZA.

Autor desconocido.
Adaptado por Esther Azón Fernández (EAF) Redacción CPM

10 de diciembre de 2012

Comó obtener fuerzas para enfrentar los problemas de la vida




Introducción:
En el Jardín de Tullerías, en Paris, se halla la estatua de una mujer, probablemente una bailarina, cuya cara cubierta con una mascara, vista de cerca y a una cierta distancia, deja ver una sonrisa, pero a medida que uno se aproxima y la mira más de cerca, principalmente de un lado, ve una grande angustia originada por algún dolor escondido. Esta mujer quiere mostrar al público una cara sonriente, pero en realidad está consumida por un profundo dolor.
Tal es la condición de nuestra humanidad que trata de mostrar su alegría a pesar de la profunda herida que le causó el pecado, el cual le hace sufrir, y finalmente le arrastra y le precipita a la muerte.
Tenemos la tendencia de llevar mascaras sonrientes pero dentro de nuestros matrimonios puede haber heridas abiertas que provocan mucho dolor.
- El paso por esta vida está lleno de problemas: Eclesiastés 2,23.
- Problemas causadas por las enfermedades: Salmo 88, 3-9
- Problemas dentro de los matrimonios.
- Algunos se dejan aplastar por los problemas, otros acuden a Cristo para recibir fuerzas y vencer.
- ¿Están libres de problemas los matrimonios cristianos? Juan 16,33

I. No estamos solos en la hora de nuestros problemas
- San Pablo es claro al explicar que frente a los problemas de la vida el cristiano reacciona diferente, porque no está solo. 2 Corintios 4,8.9 Nuestras familias también están bajo el asedio de Satanás pero no estamos solos.
- No estamos solos pues Dios es nuestro amparo. Salmo 46,1. lo que tenemos que hacer es poner nuestros hogares en cualquier momento bajo su protección.
- El es el Padre de toda consolación. Por eso es que en nuestros hogares puede reinar la paz, la tranquilidad en el medio de la tormenta.

II. Cómo comunicarnos con Dios.
  • Lo único que puede recomendarnos frente a Dios, el único mérito que podemos tener es nuestra propia necesidad. Cundo humildes, reconociendo nuestra miseria, recurrimos a Dios y clamamos en nuestra desesperación, el Señor escucha. No es necesario que cumplamos complicados protocolos. Basta con mirar con mucha atención dentro de nuestros hogares y reconocer los problemas que tenemos y las necesidades. Y después es importante también buscar ayuda. Un ejemplo lo encontramos en Salmo 34,6.
  • Ilustración: Cierta noche un caballero llamó a una farmacia de turno y pidió remedios para atacar la gripe. El farmacéutico, cumpliendo con ciertos requisitos legales, pregunto al cliente: – ¿Trajo su receta? – No – dijo el cliente – pero traje conmigo la gripe.
  • No son nuestras apariencias que nos recomienda frete a Dios, sino la tragedia de nuestra necesidad. Este es el mejor argumento que podemos esbozar frente a Dios, quien desea volcar su gracia para redimirnos.
  • - Cuando le abrimos a Dios la puerta de nuestro hogar como a un amigo, estamos realizado un acto que en la Biblia se llama “oración”. Dios siempre escucha y contesta la oración sincera. Por ejemplo: Salmo 102,17.
  • Ilustración: Un matrimonio salió a realizar algunas diligencias y dejó al hijito, de escasamente dos años, con la abuela. Al regresar vieron un cuadro realmente conmovedor: El niño lloraba con angustia y desesperación; las lágrimas le habían corrido por el rostro, el cuello y más allá todavía; la abuela angustiada, procuraba entender el lenguaje de la criatura quien apenas se expresaba por medio de monosílabos. Apenas se abrió la puerta, la madre vio la escena, corrió hacia el niño y le preguntó: – ¿Qué ocurre, querido? El niño respondió con su vocabulario de monosílabos, formado por ta, me, to, lo etc. y la madre, sonriente, inmediatamente dijo: – Lo que dice el chico es esto y esto. La madre comprendió el lenguaje de la criatura. Así mismo Dios, contemplando la necesidad de nuestro hogar entenderá nuestro lenguaje.
  • Hay quienes piensan que sus matrimonios están compuestos por personas humildes que no tienen ningún rango social, y que por lo tanto el matrimonio que forman es demasiado insignificante para que el Señor los escuche.
  • Ilustración: A una niña le preguntaron: – ¿Tú crees que Dios cuida de ti? ¡eres tan pequeña! La niña respondió así: – Mi hermano es menor que yo, y mamá pasa más tiempo cuidando de él que de mí. Sí soy pequeña, más motivo tendrá Dios entonces para cuidarme. Exactamente eso dice la Sagrada Escritura. Que el Señor habrá mirado la oración de los desvalidos, y no habrá desechado el ruego de ellos.
  • La oración de los hijos de Dios es poderosa. Santiago 5,16. Fulton Shin dijo: “Hoy día hay miles de pacientes acostados de espalda que se sentirían mucho mejor si en cambio se pusiesen de rodillas.”
  • Hay una oración entre oración y rezo. Nuestro Señor Jesucristo enseño que cultivemos la oración. Esto es más que repetir textualmente ciertas frases. “Orar es el acto de abrir el corazón a Dios como a un amigo” y contarle con nuestro propio lenguaje nuestras tristezas, problemas, y también alegrías. Mateo 6,5-8
III Cómo orar
  • los discípulos sintieron la necesidad de aprender a orar. Lucas 11,1
  • Algunas de las cosas que deben ser tenidas en cuenta al orar son los siguientes:
  1. Orar en el nombre de Jesús, que es nuestro único mediator. Juan 14,13.14
  2. Orar con fe. Marcos 11,22.24. Ilustración: En una oportunidad, en cierto pueblo, los habitantes decidieron concentrarse en una fecha definida con el propósito de orar a Dios, cada uno de acuerdo a sus convicciones, para que diese lluvia, pues la sequía amenazaba consumir a todos en la ruina. El día y hora indicados, todos los pobladores acudieron a la plaza de la pequeña población. Todos oraron con fervor y energía. Todos tenían confianza en que Dios podría contestar a la oración. Pero la única que llevó el paraguas fue una niña de ocho años. Debemos orar, no con una fe teórica como la de aquel grupo de pobladores, sino con la fe sencilla y genuina de la criatura que, como creía que Dios daría agua, ya fue directamente con el paraguas.

  3. Utilizar los momentos de la mañana para hacer, en medida de lo posible el devocional con todos los miembros de la familia. Nada se pude comparar con empezar el día hablando con el Señor y pidiendo su protección. También los momentos antes de acostarnos son muy importantes. Toda la familia reunida de nuevo podemos hablar uno con el otro de cómo nos ha ido el día, y hablar con el Señor de nuestras necesidades, pedir perdón uno al otro y al Señor.

  4. Tenemos que estar dispuestos a obedecer al Señor. 1 Juan 3,22
  5. Pidamos que se haga la voluntad de El, pues es más sabia. 1 Juan 5,14
  6. Ilustración: Dos hermanos pequeños estaban en una habitación. La mayor cuidaba a la menor que estaba empeñada en alcanzar con una mano algo mientras la mayor trataba de impedírselo. La criatura comenzó a llorar. La madre que oyó el llanto, desde la otra habitación, pregunto: “- ¿Por qué llora la niñita? Dale lo que quiere.” Pocos instantes después la niñita comenzó a llorar con verdadero dolor. “- ¿Qué le pasa ahora? “ “- Es que la alcanzó con la mano, mamita.” “- ¿Qué es lo que alcanzó?” pregunto la madre. “ – Pues, alcanzo la avispa. Eso es lo que quería y tú dijiste que se lo diera.” No siempre lo que quieren los niños es bueno para ellos, y en algunos casos, siendo bueno, no es lo mejor. Asimismo, conviene que confiemos en la sabia voluntad de Dios. Es bueno que oremos como en el Padre nuestro: “Hágase su voluntad…

  • Alguien dijo: “Lo que frecuentemente pedimos a Dios no es que nos permita hacer su voluntad, sino que apruebe la nuestra. Si queremos que se haga la voluntad de Dios en nuestros matrimonios tenemos que pedírselo a Él y después tenemos que estar dispuestos a cumplirla

  • Una poesía inglesa habla de un soldado que pidió fuerzas para mandar, y recibió debilidad para obedecer. Pidió salud para hacer cosas mayores y recibió enfermedad para hacer cosas mejores. Pidió riqueza para ser feliz y recibió pobreza para ser sabio. Pidió fuerzas para recibir la honra de los hombres y recibió flaqueza para sentir la necesidad de Dios. Pidió todas las cosas para gozar la vida y recibió la vida para gozar de las cosas. No recibió nada de lo que pidió. Pero recibió todo lo que deseaba. Su oración fue respondida y él fue más feliz.

  • No encontramos en la vida con situaciones limites. Pero no importa cual sea la situación Dios tiene respuesta, tanto si se trata de nuestra vida individual o de nuestra vida familiar.

Ya no hace falta que levemos mascaras sonrientes mientras que por dentro tenemos heridas abiertas. Al lado de Jesús nuestras heridas como individuos y como familias estarán curadas. Y así podemos sonreír de nuevo. Y esto durante el poco tiempo que nos queda aquí abajo en la tierra. Después disfrutaremos toda la eternidad al lado de nuestro querido Jesús.

7 de diciembre de 2012

Importa lo que haces, no lo que dices


Importa lo que haces, no lo que dices

Se educa con el ejemplo, no con las palabras.
Era una soleada tarde de sábado en Oklahoma y Bobby Lewis, mi amigo y un padre orgulloso, llevó a sus dos niños a jugar al minigolf. Se dirigió a la taquilla y preguntó al empleado cuánto costaba la entrada.
—Tres dólares para usted y lo mismo para cada niño mayor de seis años.
Hasta los seis tienen entrada libre. ¿Qué edad tienen? —respondió el muchacho.
—Tres y  siete —contestó Bobby—, o sea que le debo a usted seis dólares.
—Oiga, señor —le dijo el muchacho de la taquilla—, ¿Le ha tocado la lotería o qué? Podría haberse ahorrado tres dólares sólo con decirme que el mayor tiene seis. Yo no me hubiera dado cuenta de la diferencia.
—Es probable que usted no se hubiera dado cuenta —asintió Bobby—, pero los niños sí.

Como decía Ralph Waldo Emerson, «Lo que haces habla tan fuerte que no me deja oír lo que dices». En tiempos tan difíciles como éstos, en los que la ética es más importante que nunca, asegúrate de que estás dando un buen ejemplo a todos los que trabajan y viven contigo.

Auotra: Patricia Fripp

3 de diciembre de 2012

La Matemática del Matrimonio


Cuando Dos es Igual a Uno
Por: Miguel Ángel Nuñez
Juan y María son dos personas completamente diferentes: diferentes en crianza, personalidad y antecedentes. Después de un tiempo y de mucha oración y consejos, marchan hacia el altar y toman el voto de llegar a ser una carne bajo la bendición de Dios. ¿Qué significa llegar a ser uno? ¿Es posible que dos personas diferentes lleguen a ser “uno”? Algunos dirían que no. Sin embargo, la Biblia dice que sí.
Pero, ¿cómo comprendemos la declaración de que los dos “serán una sola carne”? (Gén. 2:24) ¿Será un misterio matemático? ¿O hay algo más en ello?


La matemática de la anulación
Algunos argumentarían que el matrimonio cristiano es un milagro que trasciende la sencilla regla matemática y que nos da la ecuación 1+1=1. Tal argumento no refleja el verdadero significado de Génesis 2:24 o el principio bíblico subyacente de la unidad en el matrimonio. Si 1+1=1 es correcto, se deduce que uno de los dos debe renunciar a sí mismo y llegar a ser 0. Tal renunciamiento propio permite una posibilidad matemática (1+0=1), pero crea una dificultad teológica.
Consideremos a Elisa. Ella era una de esas personas que parecen tener una visión muy clara de su futuro. Tenía el potencial para llegar a tener éxito profesional. Siempre alegre, siempre alerta, tenía una personalidad que la hubiera hecho avanzar hacia arriba. Sin embargo, cuando Elisa se casó, comenzó a experimentar pequeños cambios en sus actitudes. La inseguridad y dudas acerca de sí misma lentamente comenzaron a entrar en su vida. Llegó a ser una profesional, pero el alto nivel de éxito parecía eludirla. Llegó a ser muy tranquila y sonreía o reía sólo cuando su esposo no estaba cerca. Vivía una vida rutinaria, a veces dolorosamente solitaria y rara vez se expresaba aun sobre asuntos como la educación de su hijo, la decoración del hogar, o las ropas que vestía. Su esposo decidía todo.
Ustedes se han encontrado con Elisa muchas veces en todo lugar imaginable. Ella lleva la vida como una rutina, aun presentando una imagen placentera por afuera. Pero dentro de ella hay escondidos una multitud de problemas que no los detectan ni siquiera los amigos más íntimos o los miembros de su familia. Los sicólogos llaman a esto el Síndrome de la Identidad Anulada, que se observa más en las mujeres que en los hombres.
Dos características muy significativas identifican a este síndrome: la pérdida de la capacidad de tomar decisiones y la lenta transferencia del control de todas las cosas a su cónyuge, incluyendo los gustos más personales. ¿El resultado? Un gran sentido de frustración, no expresado verbalmente, pero guardado internamente hasta que un día estalla en forma de trauma emocional. Y surgen a la superficie sentimientos de temor, angustia y dolor emocional.
Elena White aconseja que la esposa “no debería sacrificar sus fuerzas y permitir que sus capacidades queden dormidas, apoyándose totalmente sobre su esposo. Su individualidad no debe ser absorbida por la de él. Ella debería sentir que es igual a su esposo, para estar a su lado, fielmente en el puesto del deber de ella, y él en el de él”.1
También escribió: “Dios le ha dado conciencia [a la esposa], la que ella no puede violar con impunidad. Su individualidad no puede ser absorbida en la del esposo… Es un error imaginarse que con devoción ciega ella ha de hacer exactamente lo que su esposo dice en todas las cosas, cuando ella sabe que al hacerlo, su cuerpo y su espíritu sufrirían daños”.2
En otra ocasión, hablando a una pareja de recién casados, Elena White dijo: “Pero mientras deben combinarse como uno, ninguno de ustedes ha de perder su individualidad en el otro. Dios es el dueño de la individualidad de ustedes. A él deben preguntarle: ¿Qué es lo correcto? ¿Qué está mal? ¿Cómo puedo cumplir mejor el propósito de mi creación?”3
De este modo, el ideal de la unidad bíblica no permite la anulación o la renuncia del uno hacia el otro. Un cónyuge no ha de controlar la conciencia del otro. En realidad, la actividad creadora de Dios que involucró una costilla es un símbolo poderoso de que Eva “no habría de controlarlo como la cabeza, ni ser pisoteada bajo sus pies como inferior, sino estar a su lado como igual”.4 “Nadie se casa para que su personalidad sea destruida o ignorada por su cónyuge”.5

La matemática de la mutilación

Si la anulación de una persona no es la respuesta al problema de la unidad, ¿podremos pensar en la mutilación de ambos como una manera de comprender el concepto? Por mutilación quiero decir que cada persona renuncia al 50 por ciento de su yo. Esto permitiría que la fórmula se cumpliera: 0,5+0,5=1. Algunas parejas cristianas caminan por este sendero por razones sociales y financieras, por el bien de los hijos o para evitar el fracaso. En el proceso, se ven forzadas a renunciar a muchas de sus metas y de sus sueños personales.
Aquellos que siguen esta ruta, muchas veces no se dan cuenta cuándo dejaron de ser ellos mismos y llegaron a ser otros. “Ambos decidieron que su ‘vida’ sería una ‘forma de vida’. Pero con el transcurso del tiempo, ambos deben examinar si su vida diaria es una vida real, una agonía… o una muerte”.6 En realidad, ambos están “medio muertos” porque han dejado el 50 por ciento de sus vidas fuera de la relación.
Si el porcentaje es diferente, digamos que uno renuncie al 40 por ciento y el otro al 60, el resultado podría ser aún más desastroso. No, la respuesta al problema de la unidad en el matrimonio no reside en la matemática de la mutilación, sino en el misterio del amor. Pero primero, consideremos una pregunta fundamental.

En busca de una solución
Si sientes que cualquiera de los acertijos matemáticos descritos arriba calzan en tu caso, detente un momento. ¿Qué deberías hacer para vencer la tentación de la negación propia?
1. Pide ayuda. Es relativamente fácil no percibir que tu personalidad está sufriendo lentamente un proceso de anulación. Busca la ayuda de un profesional cristiano, preferentemente con antecedentes pastorales. Tal ayuda puede permitirte redescubrir y reforzar tu personalidad peculiar.

2. Desaprende. La conducta es aprendida, y como tal, puede ser desaprendida. Las personas tienen muchas razones para entregar sus vidas para ser administradas por otros. Cada vez que las personas permiten que otros las controlen hasta el punto de no saber quiénes son deberían tratar de encontrar la causa. Pueden ser situaciones familiares, traumas de la niñez que no se han resuelto, o alguna crisis que forzó a un miembro de la pareja a hacerse cargo de todo.
3. Expresa tus sentimientos. Si sientes que no se te está escuchando, o que tu cónyuge tiende a despreciarte y a tomar ventajas, es tiempo de hablar. Comunícate y hazte oír. Ayuda a tu cónyuge a apreciar y a afirmar el principio de mutualidad en el matrimonio.
4. Estudia el propósito del matrimonio. Dios dio al esposo y a la esposa la responsabilidad de cuidar el uno del otro. Tanto el esposo como la esposa han de complementarse mutuamente. Aunque ninguno debe ser conciencia para el otro, ambos pueden ser una fuente de fortaleza mutua.
5. Trátense el uno al otro con respeto mutuo. El esposo y la esposa deben comprender que son socios iguales en una relación ordenada por Dios. Ambos tienen responsabilidades para conservar esta relación de amor y cuidado mutuos.

El misterio del amor
Volvamos a nuestra pregunta. ¿Qué significa “serán una sola carne”? Cuando Mary y yo comenzamos nuestra vida de casados, tuvimos que afrontar muchos conflictos que surgieron de nuestras diferencias culturales y de la manera en que hacíamos las cosas. Los primeros años fueron difíciles. Después de tratar de “convencer” e imponer nuestro punto de vista al otro, finalmente pudimos tomar el camino del acuerdo. Comenzamos con cosas pequeñas, como nuestras comidas. Personalmente no me gusta el aceite de ninguna clase. Mi esposa, por otro lado, goza poniendo aceite a todo. Al comienzo fue una lucha, tratando de hacer desaparecer el aceite de la comida y de la despensa. Pero, un día, ella descubrió que era posible cocinar sin aceite, añadiéndolo después. Durante 14 años hemos estado cocinando sin aceite en casa, pero los que están interesados en comer con aceite, sencillamente lo añaden en su plato más tarde. Problema resuelto.
Para mí, descansar significa recostarme en un sofá para leer un buen libro o escuchar algo de música. Para mi esposa, descansar significa salir a caminar. Al comienzo traté de convencerla de la ventaja de quedar en casa para leer un poco. Ella, por otro lado, quería que yo entendiera la importancia de salir al aire libre. Finalmente, optamos por decidir por turno qué actividad haríamos, aunque al otro no le gustara demasiado la elección. Estamos contentos con este arreglo. A través de los años, yo aprendí a apreciar un día al aire libre, y mi esposa pasa más tiempo leyendo. Lo que aparece como un problema puede resolverse con respeto y consideración mutuos.
La unidad, por lo tanto, no significa eclipsar la personalidad del otro. Significa renunciar al deseo de dominio sobre el otro, y en cambio, llegar a un alto nivel de amor y de respeto mutuo, y crear la unidad que es el fundamento del éxito en el matrimonio. El ingrediente básico de esta unidad debería ser, por supuesto, el amor.

El amor es la solución
El amor no es egoísta, no busca lo suyo. Nacido del libre albedrío, el amor busca dar y no recibir. Sólo los que no aman demandan sumisión y anulación.
Ninguno se une con otro en matrimonio para perder su propia individualidad. Por el contrario, nos unimos con una persona que aprecia nuestra singularidad y dignidad. La relación de una pareja es una dedicación recíproca de cooperación mutua. Ambos son felices al ver que el otro alcanza su máximo potencial.
Cada persona es única. El dicho de que “Dios quebró el molde después de haberte hecho a ti” no sólo es cierto, sino debería ser repetido más a menudo. Nunca hubo ni nunca habrá otra persona exactamente como tú o como yo. Por lo tanto, en el matrimonio, al establecer una relación de amor, lo estamos haciendo con una persona muy singular. El amor y el respeto por esa singularidad conserva la unidad de la relación.
Un proverbio chino dice: “No camines delante de mí, no puedo seguirte. No camines detrás de mí, no te puedo guiar. Camina a mi lado y seré tu amigo”. Allí reside el secreto de un amor perdurable y unido. Dos seres diferentes, caminando lado a lado, tomados de la mano, con los corazones unidos, afirmando que ellos son uno en la misteriosa relación del matrimonio.
Miguel Ángel Núñez era director de educación y de ministerio juvenil de la Unión Chilena cuando escribió esto. Las ideas de este artículo han sido desarrolladas más ampliamente en uno de sus libros, Amar es Todo. Su dirección es: Universidad Adventista del Plata; 25 de Mayo 99; 3103 Libertador San Martín, Entre Ríos, Argentina. Email: miguelanp@hotmail.com

Notas y Referencias:
1. Ellen G. White, El Hogar Cristiano (Mountain View, Calif: Pacific Press Publ. Assn., 1979), p. 206.
2. Ibíd., p. 101.
3. White, Joyas de los Testimonies (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1970), t. 3, p.95.
4. White, El Hogar Cristiano, p. 27.
5. Alfredo Altamira: “En el matrimonio 1+1 no es 1 ni 2″, Vida Feliz 29 (Julio 1992) 7:8.
6. Ibíd., p. 9.